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Tratamiento para la Tartamudez

Por Lic. Gonzalo Enrique de Francisco Meirelles


Imaginemos que un día, abandonamos nuestras actividades y nos dirigimos a nuestra casa. Cuando llegamos nos encontramos dentro de ella a un señor de 3,50 metros de altura, gigante, 190 kilos de puro músculo que furioso nos pide cuentas de una supuesta falta cometida en nuestras actividades. El terror se apodera de nosotros. Rogamos a Dios y al cielo y a todos los rogables que este gigante enfurecido no decida matarnos de un golpe (pues si quisiese, podría hacerlo holgadamente). Nuestra cabeza, supera la altura de sus rodillas pero no llega a su cintura. El gigante enfurecido pasa de gritar a bramar. Nuestro terror aumenta al punto de sentir que nuestros esfínteres se aflojan al tiempo que una mano de por lo menos 60 cm. de largo se estampa en nuestro rostro cubriéndolo por completo. Terrible dolor y ardor al tiempo que somos derribados. Momentáneamente pensamos que vamos a morir. A continuación el gigante nos interroga, levantando su mano amenazantemente, respecto a dónde dejamos el vaso amarillo pues supone que nosotros lo tomamos y lo perdimos. Queremos contestarle para evitar que un nuevo golpe se estampe en nuestro rostro, pero el temor apenas nos permite balbucear, decimos: - N - NO - NO - S - SÉ

Cuando decimos la última sílaba "SÉ" cerramos los ojos esperando el golpe final.

Por lo menos esto y seguramente algo mas siente un niño en la hipotética circunstancia relatada. Pero con una diferencia sustancial y es que en la hipotética circunstancia relatada, la víctima es un adulto y en la realidad, las miles de veces que esto sucede en la vida real, la víctima es un niño acompañado de su inmadurez para enfrentar la agresión de un adulto que en la mayoría de los casos es su padre. Algunas otras veces el gigante es un tío, un maestro, o una abuela. Obviamente, los gigantes antes mencionados, en la gran mayoría de los casos, están llenos de buenas intenciones formativas, pero en otros casos, en forma muy oculta y subyacente, es el sadismo disfrazado de afán de educar. Volvamos al grano.

En España, y salvo como siempre de honrosas excepciones, el tema de tartamudez se encara desde la re-educación del habla. Me han llenado a conceptos tales como la función de la laringe, el diafragma funcionando atipicamente, la salida entrecortada del aire, etc. He entendido que la persona es tartamuda, prácticamente por que él quiere, porque hace mal las cosas al momento de hablar y debe aprender nuevamente lo que aprendió mal. El niño tartamudo, es sometido a continuas, maratónicas y tediosas sesiones de vocalización con muy dudosos resultados. Curiosamente, los encargados de estas cosas en el Viejo Continente son los Logopedas que constituyen el equivalente de los Fonoaudiólogos que conocemos en Sudamérica. Lógicamente, durante la adultez del paciente, en el primer hecho que esté involucrada la autoridad (por ejemplo, el rendir cuentas a su jefe), comenzará a tartamudear nuevamente por volver vivir en el inconsciente las imágenes que otrora vivió con las figuras de autoridad. El que aquí escribe, en su larga experiencia como psicólogo, le ha tocado "curar" muchos pacientes tartamudos y ha tenido la suerte de seguir algunos casos por el término de 20 años, pudiendo comprobar que los casos tratados con psicoterapia habían tenido una resolución definitiva mientras que los casos tratados con logopedia la sintomatología reaparece con el tiempo. Resumiendo, tanto el niño tartamudo como el adulto fueron personas que tuvieron relaciones traumáticas con las figuras de autoridad en su tierna infancia. En la vida cotidiana la persona revive las situaciones traumáticas cuyas vivencias se encuentran vigentes en el inconsciente y el tartamudeo aparece. Esta es ni más ni menos la razón por la cual la persona que padece esta disfunción refiere que, por ejemplo, cuando está en su casa con su esposa y sus hijos, deja de tartamudear o bien, según el caso, lo hace menos. Llama por teléfono su jefe y el tartamudeo aparece en su máxima expresión, lo mismo si el Presidente de su empresa lo llama a su despacho para pedirle cuentas del éxito o fracaso de la campaña publicitaria, la persona revive inconscientemente el momento en que su padre le pedía cuentas respecto a la desaparición del vaso amarillo. Y cuidado! Porque en ese momento puede venir el premio o el castigo. En general, el tartamudo cuando tartamudea, lo hace mirando la cara de su interlocutor. Porque a medida que avanza en la emisión del mensaje va constatando si lo que dice satisface o desagrada a su interlocutor.

Tiene la fantasía que, si a medida que avanza dificultosamente con el mensaje y detecta en el rostro de su interlocutor el desagrado, tendrá tiempo de cambiarlo por un mensaje que no genere el castigo. Dicho de otra manera, al avanzar lentamente en la emisión del mensaje, monitorea el agrado o desagrado del interlocutor para poder rectificar el mensaje de acuerdo a lo que el interlocutor quiere escuchar. Precisamente, el habitual cierre de frase que hacen los tartamudos donde se aceleran y dicen todas las sílabas juntas, proviene de la sensación inconsciente de decir: "Está bien, me tiro al agua y que sea lo que Dios quiera".

En los casos mas severos, la tartamudez es acompañada de algún "tic nervioso" como cerrar los ojos compulsivamente, acto que proviene de una actitud defensiva de esquivar el golpe que se avecina refiriéndonos a la hipotética situación planteada al principio de esta nota.

Según la opinión de algunos colegas y como mi propia experiencia lo indica, estos pacientes responden muy bien a la psicoterapia y contrariamente a lo que se pueda imaginar, las mejorías se aprecian a partir de las primeras sesiones pudiéndose alcanzar muy buenos resultados en muy poco tiempo. Básicamente, el camino es como siempre, hacer consciente lo inconsciente, ayudar al paciente a elaborar las circunstancias que lo llevaron a la disfunción, elaborar fantasías de minusvalía y agresión, contactar al paciente con sus partes adultas ayudándolo evolutivamente a abandonar y elaborar sus contenidos infantiles que son precisamente los que están interfiriendo en el buen desempeño del habla.

También, se suelen elaborar los contenidos que tienen que ver con el crecimiento y el esquema corporal. El concepto de que el hoy adulto que padece tartamudez es una persona que también tiene autoridad, capaz de defenderse, que ya no existe esa diferencia abismal entre su padre y él. Hoy el paciente tiene el mismo tamaño de los demás adultos, él también es un adulto. ¿Por qué el paciente, utilizando su misma lógica inconsciente, no espera que sea su jefe el que se transforme en tartamudo frente a su presencia autoritaria?. Esto es la génesis práctica de una tartamudez estándar. Como se puede apreciar, el tema de la tartamudez puede definirse como disfunción del habla generada por experiencias traumáticas infantiles vividas con las figuras de autoridad. Deseo aclarar que esta definición no es clásica y que fue elaborada para Healthig para describir una afección que acarrea una importante carga anímica y social para quien la padece. Como siempre contestaré las consultas que reciba.


Lic. Gonzalo Enrique de Francisco Meirelles



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